jueves, 30 de mayo de 2013

Los transgénicos: ¿un imperialismo silencioso?

Los transgénicos son las semillas modificadas genéticamente  que existen desde los años 90, y que aún cuentan con gran resistencia para introducirse en el mercado, sobre todo en la UE. Pese a todo su avance es imparable a pesar de la aversión de muchos grupos ecologistas y científicos.

En el planeta hay 170,3 millones de hectáreas de cultivos transgénicos que se distribuyen de la siguiente manera: 

  • EEUU: 69, 5 millones de hectáreas
  • Brasil: 36,6 millones de hectáreas
  • Argentina: 23,9 millones de hectáreas
  • Canadá: 11,6 millones de hectáreas

Las naciones en vías de desarrollo cultivan una superficie mayor (52%) que las desarrolladas (48%). EEUU es una pieza importante en el cultivo de transgénicos, pero todas  las dudas que suscitan los mismos ponen a presión a la poderosa industria alimentaria estadounidense para que informe en la etiquetas de sus productos de los contenidos transgénicos. 

Entre las seis empresas más importantes tenemos a Monsanto, Dupont, Bayer, Syngenta, Basf y Dow Agrosciences que controlan el 60% del mercado mundial de las semillas y el 66 % de los agroquímicos. Es decir no sólo venden la semilla sino también el pesticida necesario, ya que los transgénicos son más resistentes a los herbicidas habituales. 

Empresas como Monsanto usan su monopolio en sus semillas para subir los precios de las variedades genéticamente modificadas, y sacar del mercado a muchas de las no transgénicas. Además atacan a científicos independientes cuando estos encuentran efectos nocivos en sus semillas, llegando incluso a hacer que pierdan sus puestos de trabajo. 

Fundamentalmente se comercializan dos tratamientos genéticos en la agricultura modificada: uno aumenta la resistencia a los herbicidas y otro aumenta la resistencia a los insectos. Todo lo cual permite aumentar la dosis de herbicida sin estropear la cosecha.

Algunos científicos han confirmado que estas semillas son perjudiciales, pues aparte de los motivos anteriores alteran la polinización natural y agotan en dos o tres cosechas el suelo, haciéndolo estéril.

Aunque se dijo que las semillas transgénicas se desarrollaron para acabar con el hambre en el mundo, el 90% de los cultivos transgénicos se dedica a la colza, al maíz, a la soja y al algodón, que se utilizan fundamentalmente para la industria textil, la alimentación de ganado y los combustibles biodiesel. 

Estas multinacionales actúan con el binomio herbicida-semilla, así Monsanto comercializa Roundup un potente herbicida  y a la vez vende semillas a través de Round Ready (soja, algodón, colza, azúcar, alfalfa y maíz). Es decir, domina toda la cadena. Por otro lado la semillas transgénicas son más caras que las naturales, entre un 20% y un 40 % y además cuando los agricultores compran alguna de estas semilla, firman un acuerdo, que establece que no pueden guardar simientes para resembrar obligándoles a comprar semillas cada año. 

En la UE la situación legal es confusa, sólo permite dos cultivos: uno es un tipo de patata creada por Basf y una clase de maíz ( mon810) diseñado por Monsanto, que es resistente a la plaga del taladro. Por todo ello, la grandes compañías emigran a latinoamerica donde la legislación es más permisiva y pueden asentarse más fácilmente.

Estamos ante un problema grave que si se extiende como parece, dará a estas multinacionales el control mundial de la alimentación, un imperialismo sin usar la fuerza.

martes, 21 de mayo de 2013

El Tribunal de Cuentas ¿Realmente puede cumplir su función?

El Tribunal de Cuentas es el gran fiscalizador de los miles de millones que gasta la Administración y además analiza las controvertidas cuentas de los partidos políticos, eso sí, con gran retraso como comentamos más adelante.

El pleno del Tribunal de Cuentas está controlado por los dos grandes partidos, que son los que proponen a los consejeros. Por lo tanto el pleno se convierte en el fiscalizador del dinero público que gastan los propios partidos, lo que le hace ser objeto de deseo de políticos con propensión a gastar más de lo que ingresan y aumentar el deuda. El PP domina el pleno, ocho puestos, frente al PSOE que contiene cuatro asientos.

Asimismo el Tribunal de cuentas está formado por funcionarios de carrera, pero últimamente se están introduciendo otros miembros de otras administraciones. El Tribunal Supremo en una sentencia del pasado 3 de diciembre de 2012 desestimó dos designaciones del pleno: la del subdirector adjunto de la asesoría jurídica, Virginia de los Reyes, y del asesor económico financiero José María Gordo Moreno. La sentencia reclama más funcionarios de carrera y afirma que sobran 30 puestos que están por recomendación de los consejeros; esta práctica conlleva un alto riesgo de politización ya que este organismo es clave para detectar la corrupción. Por esta razón el Tribunal Supremo alerta de la situación que tenían en 2011 año del litigio, cuando eran mayoría los funcionarios llegados de otras administraciones 94, frente a los 89 letrados y auditores de carrera. En la sentencia se dice que de los 206 puestos que tenían dotación presupuestaria 142 corresponden a la plantilla de los cuerpos superiores, por lo que sólo podrán cubrirse por funcionarios de cuerpos de otras administraciones públicas  64 puestos, límite que se haya hoy ampliamente superado.

Existe gran malestar por esta situación entre la Asociación de los Cuerpos Superiores de Letrados y Auditores del Tribunal de Cuentas (ACLA), ya que ellos al acceder por oposición gozan de una gran independencia, no forman parte de la administración y no participan en el gestión de ningún organismo público. Además se quejan de la falta de movilidad, ya que solamente pueden trabajar en el Tribunal de Cuentas, no pueden ser destinados a otro sitio. Este tribunal, desde 1987 cuando empezó, nunca ha cubierto el tope de los letrados y auditores permitidos, mientras que no han parado de incorporarse personas de libre designación. Este año hay 174 funcionarios de cuerpos propios, y 175 de otras administraciones. Las cifras hablan por sí solas.