A pesar de
las alternativas actuales al petróleo en las energías renovables (eólica,
fotovoltaica, biomasa, nuclear, etc.) surge actualmente la posibilidad de
explotar el llamado “oro submarino”, es decir, el gas de hidrato de metano del
fondo marino. Los hidratos de metano
o hidratos de gas consisten en un átomo de carbono enlazado a cuatro de
hidrógeno y que se hallan enjaulados en el interior de un dodecaedro formado
por veinte moléculas de agua; estos forman depósitos de una especie de hielo
bajo el fondo de las aguas litorales
de los cinco continentes. Estos depósitos pueden convertirse en una de las principales fuentes de energía futuras,
porque contienen diez billones de toneladas de carbono, o sea más del doble de
la reserva mundial de combustibles fósiles convencionales.
La mayoría de
los depósitos de los hidratos de carbono encontrados hoy en día no son
rentables económicamente ya que su
extracción es muy costosa, exceptuando los depósitos del ártico y del mar de
Bering. En España los hay en el golfo de Cádiz, no obstante Japón ha conseguido
extraer gas metano en la zona de Atsumi, y Shima en la costa este del país, en
contra de las previsiones económicas negativas.
Todo ello
conduce a una posible explotación económica
rentable a pesar de todo. La extracción de hidratos de metano además de ser
cara, por la dificultad de habilitar pozos en el mar, tiene peligros medio ambientales, es un gas
con efecto invernadero, mucho más potente que el CO y el efecto que podría tener
en el calentamiento global sería importante. Y además es complicado que no se
libere metano a la atmosfera durante su extracción puesto que se trata de un
compuesto inestable.
Los
científicos japoneses están convencidos de que a medio-largo plazo serán rentables económicamente, en cuanto
disminuyan las reservas de petróleo de forma importante y que además se podrán
eliminar la mayoría de sus efectos indeseables.