En 1890 el
economista británico John Hobson,
explicó cómo el exceso de ahorro,
podía llevar a una inestabilidad
económica.
Partimos de
que las personas ricas ahorran mucho más que las pobres al tener mayores
ingresos. Desgraciadamente ricos no hay muchos y como consecuencia el consumo
cae en relación a la producción.
Por tanto si el consumo crece demasiado lento no
tiene sentido invertir el ahorro en fábricas nacionales si no que se debe
invertir en el extranjero; esto tiene un
doble efecto:
- Crea inversiones extranjeras rentables por exceso de ahorro
- Mantiene las fábricas nacionales funcionando ya que vende sus productos en el exterior
Los países que
exportan ahorros automáticamente generan superávit comerciales, sin embargo
esto no es sostenible a largo plazo,
ya que los países que importan capital extranjero para financiar déficit comerciales se hallan con niveles de deuda elevados y no pueden seguir pidiendo
prestado. Ante tal situación se ven obligados a reducir su consumo o encarar una crisis.
En los años 20 el
economista británico John Maynard Keynes retomando a Hobson expuso que los países con
superávit cuyas políticas habrían creado ahorros demasiado elevados tenían que
tomar medidas para aumentar el consumo y hacer caer sus tasas de ahorro.
Keynes expuso que si los
países con superávit se negaban a
incrementar su consumo lo suficientemente rápido las fábricas se verían
obligadas a cerrar y despedir a sus trabajadores, con lo que el consumo cae, provocando que los ahorros se reajusten automáticamente.
Si los países con
superávit se niegan a potenciar el consumo rápidamente el reajuste se produce
en forma desempleo progresivo. A su vez
los países con déficit aumentarían su desempleo, pero en un momento determinado
intervendrían en el comercio elevando los aranceles, o devaluando su moneda y
como consecuencia el desempleo pasaría a los países con superávit.
Pues bien la situación actual y mundial es la misma desde el
punto de vista económico. Cuando Berlín promulgó políticas encaminadas a
restringir el crecimiento de salarios, a finales de los 90, las tasas de ahorro
alemanas, crecieron enormemente, y por contrapartida el consumo creció mucho
más lentamente que la economía.
Cómo no les quedaba otra opción que no fuera exportar estos
ahorros prestando enormes cantidades de dinero a España y a otros países
europeos empezaron a tener elevados superávit comerciales a costa de otros países europeos;
dicho de otra forma el déficit comercial
de España es una consecuencia automática de las políticas alemanas de finales
de los 90. Todo esto indica que España tiene que rebajar su consumo y
elevar sus tasas de ahorro. Una vez más estos países tienen que elegir entre aceptar el desempleo en casa o trasladarlo
fuera, por ahora han escogido la
primera opción para así salvar el euro.
Ahora bien, si la situación económica se sigue deteriorando
estos países saldrán del euro y a medida que vayan saliendo de esta moneda, el
desempleo y los países que se mantengan en el euro irá creciendo.
Por un lado esto tiene la ventaja de que el mantenimiento del euro gozará de muchos
beneficios (fundamentalmente por compras de deuda española por el BCE) pero también sufrirá las consecuencias de un masivo desempleo.
Si los alemanes no gastan más para ayudar a los países
periféricos no habrá manera de evitar muchos años de desempleo, en cuyo caso
España debe decidir cuanto antes si la recesión la deberían soportar los
hogares españoles o los alemanes.
Y para terminar os dejo un vídeo explicativo de la teoría keynesiana.