Cuando finalizó el mandato del Señor González Páramo, anterior
representante de España en el comité ejecutivo del BCE, se abrió el plazo para
proponer un sustituto del mismo. La reelección de González Páramo era bien
vista por el BCE dado que formaba parte del núcleo de “halcones” del organismo,
junto a Jends Weidman, Jorg Asmussen, Peter Praet y Erkki Likanen. Caracterizados
todos ellos por cumplir a rajatabla la filosofía del BCE: controlar la inflación
y estabilizar los precios.
En vista de que el gobierno español no mostraba interés por
la reelección de González Páramo, el consejo de los 27 propuso para sustituirlo
a Ives Mersch, que desde 1998 preside el Banco Central de Luxemburgo. Mariano
Rajoy fue el único de los 27 que votó en
contra de su nombramiento, intento fallido, pues lo consiguió el luxemburgués
por mayoría cualificada y soslayando un pacto no escrito, según el cual las
grandes economías de Europa (Alemania, Francia, Italia y España) tienen un
puesto seguro en el comité ejecutivo del BCE compuesto de 6 miembros. Pero España
ya no forma parte del mismo.
Por consiguiente Mersch llega a ahora al consejo ejecutivo
del BCE sustituyendo al español José Manuel González que llevaba 8 años en el
organismo. La real intención de España era que se nombrase a Antonio Sainz de
Vicuña. Pero la situación no era sencilla ya que la elección de los dos
candidatos (Vicuña o Mersch) estaba a su vez condicionada por otros dos
nombramientos, el de Director Gerente del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE)
para el que España había propuesto Belén Romana y el de Presidente del Banco Europeo
de Reconstrucción y Desarrollo (BERD). Finalmente estos dos cargos fueron
ocupados por un alemán, Klaus Regling para el MEDE y un inglés, Suma Zhakrabarti, para el BERD.
Es una pena que la resolución del caso haya sido tan
negativa para España, lo cual nos da una idea del poco peso que tenemos en las
instituciones comunitarias, quizás en todo ello pesa la actitud del jefe de
gobierno español que no se deja influenciar por sus colegas europeos e impone
sus ideas de forma incontrovertible y no mostrando una buena disposición a negociar.
Véase el límite de déficit que impuso de forma soberana al principio de su
mandato sin haberlo consultado con sus colegas europeos.
Rajoy vetó a Mersch haciendo gala de su actitud soberana a
causa del rechazo al nombramiento de Vicuña. Lo cual es un error por parte de
Rajoy, que muestra su poca inclinación a la negociación. Pienso que si toda esta negociación a varias bandas se hubiera hecho con una actitud
más consensuada España habría conseguido algo más, y no que por desgracia nos
hemos venido con las manos vacías.
Por último creo que en la elección de Mersch ha sido clave
un discurso que dio ante el Parlamento Europeo en el que proclamo que “la
estabilidad de los precios es la mejor contribución al crecimiento sostenible”.
Por cierto una idea que también compartía González Páramo y que tanto irrita a
los keynesianos.